El Consuelo de un parto natural

El Consuelo de un parto natural

Suelo decir que parir el primer bebé es algo difícil, complejo. Un largo y duro camino que se debe forjar y abrir por primera vez, dándose paso a través del canal de parto para finalmente salir al mundo.

Así como el primero es difícil, el segundo es otra cosa. Suele llegar rápido y de forma expedita, en un trabajo de parto intenso y colaborativo.

Recomiendo siempre, como matrona, vivirlo de una forma más libre, natural y sin anestesia. Y fue exactamente lo que se le planteó a Nicole. Ella buscaba un parto natural, vertical, libre de invasiones. Tranquila y mamífera.

Estuvo varios días con contracciones, avisando que se venía su nueva hija, de nombre Consuelo. Pero algo nos faltaba, se demoraba, faltaba tiempo y no había que apurarla. Seguimos a la espera.

Recién anoche, jueves, la Nico me llamó para avisarme que las contracciones eran más frecuentes e intensas. Consuelo estaba avisando que venía. Le dije inmediatamente que se fuera a la clínica. Le haríamos un chequeo.

Llegó con cuatro centímetros de dilatación pero con contracciones espaciadas, había disminuido la intensidad. ¿De vuelta a la casa? ¿Y si paría en el auto? ¡Qué incómodo! No era necesario. La monitoreamos un rato y paulatinamente sus contracciones fueron aumentando en intensidad; eran cada vez más fuertes. Debía quedarse en la clínica. Consuelo ya venía en camino.

Me preparé y fui a su encuentro.

Cuando llegué la Nico estaba en llamas, con contracciones intensas. Ya había roto bolsa y avanzaba decidida al encuentro definitivo con su hija.

Felipe, su pareja, la acompañó pacientemente a su lado. Siempre silencioso, seguro, confiable, atento. Afuera, por los pasillos, Sylvana, la fotógrafa, esperaba ansiosa para entrar y retratar el ansiado momento.

Nicole adoptó la posición de 4 apoyos y con la pelvis, libre y móvil, empezó a pujar. Estaba lista. Quiso anestesia, pero no había tiempo, ella lo sabía. Estábamos a menos de un minuto de la salida de Consuelo. “¡Me quema!”, gritó. El Anillo de Fuego comenzó a aparecer como la señal inequívoca de que el nacimiento es inminente.

Esperamos, sin apuros. Sin tomar la pequeña cabeza de Consuelo para jalar. Pacientes, igual que Nicole. “Respira suave para abrir tu periné, suave y gentilmente”, le dije. Nicole ya había tenido una episiotomía anterior y había que evitar, a toda costa, desgarrarse. Pujó, y suave y lentamente su pequeña cabeza asomó por completo. “Nico, toca su cabeza. Siéntela”, le sugerí. Pujó una vez más y Consuelo salió, por fin. La recibimos y se la acercamos a Nicole para que la tomara por primera vez. Movió su mano y su cara expresó el momento único de una madre y un hijo. La acercó a su pecho y se quedó ahí, por un rato. Había quedado arrodillada en la colchoneta, con su bebé en brazos, sonriente. Aunque era ya su segundo parto Nicole no lo podía creer. Fue tan rápido todo que la placenta quedó expuesta a sus pies.

Cuando la intención y el convencimiento están, el parto fluye. Una mujer valiente y determinada todo lo puede.

Felicitaciones Nico y Felipe por el nacimiento de Consuelo.

Su matrona,

Carolina González

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